miércoles, 21 de octubre de 2009

UN SINSENTIDO


Hoy he impreso el mapa del metro de londres en blanco y negro. Por ahorrar tinta. Me ha salido caro el despiste.

lunes, 19 de octubre de 2009

Un susto de muerte


Cuando Flavia terminó de hacer un "canguro" en Linsoles (un pueblo del valle de Benasque) y mientras se dirigía hacia su coche, pensó en el frío que tenía y en lo poco que le apetecía subirse en su coche y conducir. (El coche de flavia es un Suzuki Samurai de 1989, ¡veinte añitos tiene la joya! no hace falta decir que no tiene aire acondicionado, ni elevalunas eléctrico, ni... )

POR PRIMERA VEZ.

Flavia, que es muy calculadora, miró la hora en el reloj digital de su coche: las 00:01 y pensó que en 10 minutos llegaría al siguiente pueblo donde haría una paradita para saludar a sus amigos que todavía estaban en el Pub Ral.


POR SEGUNDA VEZ.

Volvió a echar otro vistazo al reloj para cerciorarse: las 00:02


POR TERCERA VEZ

Al cabo de un rato y tiritando de frío pensó -¡qué bien, ya estoy llegando!- y volvió a mirar la hora: las 00:01. -¡Las 00:01! ¡¿Otra vez?!- se preguntó. Empezó a pensar si estaba loca, si lo había mirado mal previamente, o si... pero todo apuntaba a que no. El reloj estaba perfecto, pues al minuto de mirar la hora por primera vez ya eran ¡y dos! así que algo fallaba.

-¡Ya lo tengo, me he muerto en un accidente de coche y me he podido dar cuenta porque había mirado antes la hora! ¡Soy más lista que la muerte! Esto es lo que Dios tenía planeado para mi, una muerte suave, indolora, y... ahora ¿se supone que estoy viviendo una segunda vida? ¿una vida en la que todo continúa como si nada hubiera pasado? ¡Bueno, no está mal! ¡Mientras estén mis amigos en el pub...!-


POR CUARTA VEZ

Cuando terminó de sacarle una conclusión razonable a su situación vió el coche de sus amigos aparcado frente al pub y volvió a mirar el reloj por última vez: las 00:08. -¿pero cómo puede ser?- se preguntó aliviada- ¿No he muerto?

Al cabo de un rato, sentada en el asiento de su coche, volvió a sacar una nueva conclusión: el reloj digital de su coche se estropea siempre que llueve porque le entra agua, la línea horizontal superior de los números nunca había estado marcada. Cuando miró el reloj la tercera vez en realidad el rejoj estaba marcando las 00:07.

POR QUINTA VEZ

Cuando miró el reloj por última vez, confirmó su última conclusión: las 00:08.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La ruleta de la fortuna



Creo que debajo de la ruleta de la fortuna hay un señor con un pinganillo que se encarga de parar la ruleta de la fortuna: de apretar el eje de la ruleta, de frenarla, amañar el juego, trampear.

El culpable no es él sinó el presentador, Jorge Fernández, el encargado de darle la señal de freno al trabajador que está ahí abajo, (agachado o de rodillas).

El cerrajero



El señor Oriol es un señor normal y corriente que cada día que entraba o salía de su casa se topaba con la típica pegatina del cerrajero económico en el porterillo de su edificio. Harto ya de andar rascando el pegamento que dejaban las dichosas pegatinas al final decidió llamar al maldito cerrajero y así cantarle las cuarenta. El señor cerrajero no le hizo ni puñetero caso. Así que el bueno del señor Oriol esperó y vió como día tras día el cerrajero volvía a pasar dejando rastro en su portería. Todavía más harto que en la ocasión anterior, el señor Oriol salió de su casa directo hacia la copisteria donde fotocopió la pegatina del cerrajero unas 7.500 veces, ¡7.500 veces!, se dice pronto. A media noche salió de su casa cargando con el fajo de pegatinas fotocopiadas y se dirigió hacia la comisaría de la policía, una vez allí, se dedicó a forrar todo el coche de la policía de pegatinas, ¡imaginad el coche de la policía! era una gran pegatina.
Esa noche el señor Oriol durmió como un bebé.
A la mañana siguiente el cerrajero económico fue detenido en su casa por delito contra el cuerpo de policía.